Por qué existe el pasaporte arequipeño, el origen real de la República Independiente de Arequipa durante la Guerra del Pacífico y por qué los arequipeños son los más orgullosos del Perú.
Hay dos tipos de peruanos: los que ven el pasaporte arequipeño como un souvenir divertido y los que lo consideran una provocación separatista. Pero más allá de la polémica, pocos saben que este documento lúdico sí tiene raíces históricas reales.
Durante la Guerra del Pacífico, cuando las tropas chilenas ocupaban Lima, Arequipa se convirtió literalmente en la capital del Perú y fue declarada oficialmente la "República Independiente de Arequipa". De aquella época surgió un pasaporte diplomático genuino. Un siglo después, un arequipeño (o dos, según la versión) decidió rescatar esa idea y convertirla en el souvenir más icónico del sur peruano.
En este artículo te contamos por qué existe el pasaporte arequipeño, qué hay de verdad en la leyenda de la República Independiente y por qué los arequipeños llevan el orgullo regional en la sangre.
Índice:
Sí, pero no como crees. La República Independiente de Arequipa no fue un movimiento separatista contra el Perú, sino una medida de supervivencia durante la Guerra del Pacífico (1879-1883).
En 1881, las tropas chilenas ocuparon Lima. El presidente Francisco García Calderón —un arequipeño ilustre— fue capturado y deportado a Chile por negarse a firmar la rendición. Ante el vacío de poder, el contralmirante Lizardo Montero asumió la presidencia provisional y tomó una decisión drástica: trasladar la capital del país a Arequipa.
Mediante decreto supremo en 1883 se ratificó:
*"Mientras Lima, capital de la República esté tomada por el ejército chileno, Arequipa será la nueva capital del Perú y a partir de ese momento se la denomina República Independiente de Arequipa."*
El 31 de agosto de 1882, Montero ingresó a la Ciudad Blanca acompañado de ministros, jefes militares y autoridades en medio de una majestuosa parada militar. Arequipa se convirtió así en sede del gobierno nacional, albergó un Congreso y emitió documentos oficiales. Cuando la guerra terminó con el Tratado de Ancón, la capital regresó a Lima y la "República Independiente" dejó de existir.
Dato clave: Arequipa había albergado al gobierno nacional en otra ocasión: en 1835, cuando el general Orbegoso trasladó su administración desde Lima durante el golpe de Estado de Salaverry.
El pasaporte arequipeño que se vende hoy en día como souvenir no es una invención total. Durante el breve periodo en que Arequipa fue capital, Lizardo Montero ordenó la creación de un pasaporte oficial por razones de seguridad nacional.
Toda persona que saliera del territorio arequipeño hacia zonas ocupadas por Chile o al extranjero debía portar este documento. Su función era doble: permitir el tránsito legal de ciudadanos peruanos e impedir el ingreso de espías chilenas. El documento llevaba el nombre de "Pasaporte Diplomático de la República Independiente de Arequipa" y tenía valor legal real.
Los arequipeños guardaron con orgullo ese documento histórico, que pasó a formar parte del imaginario colectivo de una ciudad que ya de por sí se consideraba distinta al resto del país.
El pasaporte arequipeño que conocemos hoy —colorido, con frases humorísticas y sin valor legal— nació a principios de los años 80, pero su autoría está en disputa.
A finales de los 70, Fredy Castillo Neyra, trabajador de Leche Gloria S.A. y ganador del Festival de Música Inédita de Arequipa, recibió el encargo del gerente general Berner Heaberli: crear un texto divertido y paródico para un pasaporte souvenir. Se imprimieron mil ejemplares con las firmas de figuras locales como Julio Ernesto Granda (ajedrecista internacional) y Raúl Obando (histórico capitán de Melgar).
El primer ejemplar se entregó al presidente Fernando Belaúnde Terry; el segundo a su esposa Violeta Correa; el tercero al primer ministro Manuel Ulloa. El documento llegó incluso al Papa Juan Pablo II durante su visita a Arequipa. Leche Gloria mantuvo los derechos reservados.
Willy Galdós Frías afirma que la idea fue suya. Tras ser expulsado de Venezuela en 1981 por estar indocumentado, un turista estadounidense le comentó que en EE.UU. todos tienen pasaporte universal. De regreso a Arequipa, postuló el proyecto a Gloria, pero fue rechazado. Cuando descubrió que la empresa entregaba pasaportes en la CADE de 1982, inició una batalla legal. Finalmente, Willy logró demostrar su autoría ante Indecopi.
Hoy el pasaporte arequipeño es uno de los souvenirs más solicitados por turistas que visitan la Ciudad Blanca. Para algunos es un acto lúdico que celebra la originalidad regional; para otros, una muestra de antipatía que fomenta desunión. Lo cierto es que carece de valor legal y funciona como una declaración de amor a una ciudad que, desde siempre, ha jugado al límite de la identidad nacional.
El pasaporte no es más que la punta del iceberg de un fenómeno cultural mucho más profundo: el orgullo arequipeño. Para entenderlo hay que mirar la historia.
Arequipa protagonizó más de siete levantamientos o revoluciones entre la independencia y 1850. Figuras como Mariano Melgar, Francisco Mostajo y otros intelectuales lauretanos forjaron un espíritu de resistencia al centralismo limeño. Jorge Basadre la describió como "una pistola que apuntaba al corazón de Lima".
Curiosamente, Arequipa fue la última ciudad del Perú en enterarse de la proclamación de la independencia de 1821. Recién en 1825, tras la batalla de Ayacucho, Simón Bolívar presentó los documentos ante la Academia Lauretana y se proclamó la independencia en la Plaza de Armas arequipeña. Ese retraso histórico alimentó un sentimiento de autonomía: Arequipa no siguió, Arequipa decidió.
Rodeada de volcanes (Misti, Chachani, Picchu Picchu) y separada de Lima por desiertos y cordilleras, Arequipa desarrolló una vida propia. Su arquitectura de sillar, su escuela gastronómica con picanterías únicas, su dialecto loncco y su economía lanera le dieron una personalidad inconfundible.
Como resume el historiador Gonzalo Gómez: *"Es una ciudad rebelde y contestataria. No le llevaba el compás a Lima."*
No. Es un souvenir simbólico y lúdico. No sirve para viajar ni tiene reconocimiento oficial.
No formalmente. La "República Independiente" fue una denominación oficial temporal durante la Guerra del Pacífico (1882-1883) por la ocupación de Lima. Arequipa nunca se separó del Estado peruano.
Hay dos versiones: Fredy Castillo Neyra (por encargo de Leche Gloria) y Willy Galdós Frías (quien reclamó la autoría ante Indecopi). La disputa nunca se resolvió del todo.
Es una expresión cultural que refleja el fuerte sentimiento autonomista y la identidad regional marcada de los arequipeños, más que una realidad política.
Se vende como souvenir en tiendas de artesanías, mercados turísticos y librerías de Arequipa, especialmente durante la temporada de aniversario de la ciudad (agosto).
El pasaporte arequipeño es mucho más que un trozo de papel con frases chistosas. Es la materialización de siglos de historia, de una ciudad que fue capital del Perú en tiempos de guerra, que se rebeló contra el centralismo limeño y que, al pie de sus volcanes, forjó una identidad tan fuerte que necesita su propio "documento de identidad".
Ya lo tengas como souvenir en tu mesa o lo veas como símbolo de división, lo innegable es que el pasaporte arequipeño funciona: hace que todo el Perú hable de Arequipa.
¿Te atreverías a tramitar tu pasaporte arequipeño? Si visitas la Ciudad Blanca en agosto, durante su aniversario, verás cientos de turistas y locales portándolo con la misma solemnidad que si fuera un documento de la ONU.
📍 Comparte este artículo si conoces a un arequipeño que ya tiene su pasaporte... o a un limeño que todavía no entiende por qué existe.
Redactado el miércoles, 27 de mayo 2026 | Leido 7 veces
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